Hace unos días apareció una noticia que llamó mi atención: en Singapur, el gobierno lanzó una campaña que premia a quienes leen al menos quince minutos diarios. La propuesta busca combatir la adicción a las pantallas y recuperar la capacidad de concentración, un recurso cada vez más escaso en nuestra vida cotidiana. Lo interesante es que no se trata solo de un incentivo económico o tecnológico, sino de un gesto cultural. Reconocer la lectura como un hábito que merece ser protegido y estimulado es, en sí mismo, una declaración de valores. En tiempos donde todo parece medirse en rapidez y productividad, detenerse a leer es casi un acto de resistencia. Leer nos obliga a habitar el silencio, a sostener una idea sin distracciones, a viajar sin movernos. Es un ejercicio de paciencia y profundidad que contrasta con la inmediatez de las pantallas. Y, sin embargo, es justamente esa pausa la que nos permite pensar mejor, conectar con nosotros mismos y con los d...
Lee donde sea, lo que sea, como sea, con quién sea.