Entrevista #2 a J.A. Zegarra L... | El príncipe de la profecía: el puente entre Caral y el origen inca
Entrevista #2 | J.A. Zegarra L... -
Libro I: El príncipe de la profecía
(Los hijos del Sol)
Hoy viajamos 5.000 años atrás. De Caral a los orígenes de Manco Cápac.
J.A. Zegarra L... es ingeniero geólogo, conoció Caral en 2002 cuando las pirámides aún no estaban desenterradas, y desde entonces le quedó la pregunta: ¿qué pasó con ellos? De ahí nace su saga.
Entrevista - respuestas textuales del autor:
1. ¿Hubo una escena o personaje que te dolió dejar fuera?
Respuesta de J.A. Zegarra L...:
En mi caso, no podría señalar una sola escena o un único personaje secundario, porque fueron varias las historias que tuve que dejar fuera para proteger el ritmo de la novela. La que más me dolió sacrificar fue la historia completa de los antiguos gobernantes de Caral que en mi libro llamo Copaquenu, la capital del valle de Su Par, que para el caso real vendría a ser el valle del rio Supe.
El príncipe de la profecía es una obra fantástica inspirada en la mitología andina. Mi intención fue imaginar una posible explicación literaria para el origen del pueblo inca, estableciendo un puente entre Caral —una de las civilizaciones más antiguas conocidas de América, con aproximadamente cinco mil años de antigüedad— y los orígenes míticos de Manco Cápac.
Conocí Caral en el año 2002, cuando trabajaba en una institución del Gobierno peruano. En aquel momento, las pirámides todavía no habían sido completamente desenterradas y el lugar me produjo unaimpresión muy profunda. Me pareció extraordinario pensar que, miles de años atrás, en la costa peruana ya existía una sociedad organizada, con arquitectura monumental, agricultura, comercio y conocimientos que todavía nos sorprenden.
Desde entonces, me quedaron muchas preguntas: ¿cómo surgió Caral?, ¿por qué sus habitantes abandonaron la ciudad?, ¿qué ocurrió con ellos?, ¿cómo pudieron sus conocimientos y tradiciones influir en las civilizaciones posteriores? Como todavía existen aspectos poco conocidos sobre sus orígenes y su desaparición, la imaginación tiene un espacio enorme para crear.
Por eso, en el libro, la anciana Umi le cuenta a Manco Cápac la historia de su pueblo y establece ese vínculo entre Caral y el mundo inca. Mi deseo inicial era narrar también la vida de todos los grandes gobernantes de Caral: sus conquistas, sus conflictos, sus descubrimientos y la manera en que cada uno fue dejando una huella en la formación de aquella civilización.
Sin embargo, incluir todas esashistorias habría convertido la novela en un relato mucho más extenso y habría dispersado el viaje principal de Manco Cápac. Tuve que aceptar que algunas escenas y algunos personajes debían permanecer fuera del manuscrito, aunque siguieran vivos en mi imaginación.
A veces, una escena eliminada no desaparece completamente. Se convierte en una semilla para otra novela, otro libro de la saga o incluso para una historia que el lector nunca llegará a conocer del todo. En ese sentido, la escena invisible de este libro es la gran crónica de los reyes de Caral: una historia que no llegó a ocupar sus páginas, pero que está presente detrás de ellas y sostiene buena parte de su mundo.
2. Tu refugio de escritura: temperatura, olor y banda sonora
Respuesta de J.A. Zegarra L...:
Si tuviera que describir mi refugio de escritura a partir de tres elementos —la temperatura, el olor y la banda sonora—, diría que no existió un único escenario, sino dos espacios diferentes que terminaron conectándose en mi imaginación.
Vivo en Lima, una ciudad cercana al mar. Tengo una casa junto a la playa, pero normalmente resido en otra vivienda ubicada cerca de los cerros que rodean la ciudad, en La Molina. Escribí algunos capítulos en la casa de playa y otros en la casa de La Molina. Sin embargo, mientras escribía, mi mente viajaba mucho más lejos: regresaba a los lugares que conocí durante mis trabajos de campo.
Soy ingeniero geólogo de profesión y, por motivos laborales, he recorrido buena parte del Perú: la costa, la sierra y la selva. Esas experiencias alimentaron mi imaginación y se convirtieron en una especie de paisaje interior durante la escritura de la novela.La temperatura podía ser la tibieza húmeda de la costa o el frío de la sierra, especialmente durante una tarde lluviosa. El olor predominante tampoco era siempre el mismo: a veces era el olor salino del mar; otras, el aroma de la tierra mojada en los Andes cuando comienza a llover; y, en determinados momentos, el olor intenso y vegetal de la selva amazónica. Esos aromas no estaban necesariamente presentes en la habitación, pero aparecían en mi memoria y me ayudaban a trasladarme mentalmente a los escenarios de la historia.
En cuanto a la banda sonora, no tuve una música específica ni una rutina fija de escritura. Muchas veces trabajé en silencio, escuchando únicamente los sonidos propios del lugar: el rumor del mar en la casa de playa o la quietud de la casa de La Molina. Ese silencio permitía que las voces, los paisajes y las escenas que llevaba años imaginando adquirieran mayor intensidad.Tampoco seguí un horario estricto. Quizá por eso la novela tardó tanto tiempo en concretarse. La idea había permanecido durante años rondando mi mente, hasta que llegó un momento en que sentí que ya no podía seguir postergándola. Entonces comprendí que escribirla no era solo un proyecto literario, sino también una necesidad personal: la necesidad de contar las historias que durante tanto tiempo habían vivido dentro de mí.
3. ¿Hubo bloqueo o nudo técnico?
Respuesta de J.A. Zegarra L...:
La verdad es que no soy un escritor de profesión. Siempre me gustó la historia; de hecho, era la asignatura en la que obtenía mejores calificaciones durante el colegio. Sin embargo, mi vida profesional se ha desarrollado en el ámbito de la ciencia, específicamente en las ciencias de la Tierra. Soy ingeniero geólogo, no especialista en literatura.
Aun así, desde siempre han vivido en mi imaginación historias, personajes y situaciones inventadas. Antes de escribir esta novela tuve varios intentos. Recuerdo, por ejemplo, que durante mi etapa universitaria escribí una historia sobre un muchacho que se encontraba con la soledad personificada. Se la entregué a un compañero para que la leyera y su reacción me sorprendió: le gustó tanto que llegó a sentirse identificado con el personaje.En el caso de El príncipe de la profecía: Los hijos del sol, no recuerdo haber enfrentado un gran nudo estructural ni un problema técnico que me hiciera detener la escritura. Quizá se deba precisamente a que no escribo desde una formación literaria académica, sino desde la afición y la necesidad de contar una historia. La trama llevaba tantos años desarrollándose en mi mente que, cuando finalmente me decidí a escribirla, sentí que solo tenía que trasladarla al papel.
Tampoco me quedé sin historia en ningún momento. Los personajes, los acontecimientos y los escenarios ya estaban muy presentes en mi imaginación. Por eso, la escritura fluyó con naturalidad y, en ocasiones, de una manera casi arrebatadora. Recuerdo haber comenzado a escribir a las siete de la noche y haber continuado hasta las seis de la mañana del día siguiente, sencillamente porque la historia avanzaba por sí sola y yo no podía detenerme.Tal vez esa fue la manera en que resolví cualquier dificultad técnica: no intenté forzar la novela dentro de un método rígido. Dejé que la historia encontrara su propio camino y procuré seguir el ritmo de los personajes. Como escritor aficionado, mi principal herramienta no fue una técnica aprendida en las aulas, sino los años durante los cuales imaginé y construí mentalmente este mundo. La estructura fue apareciendo mientras la historia se desarrollaba, y mi tarea consistió en escucharla y ponerla por escrito.
4. ¿Hay un pasaje secreto?
Respuesta de J.A. Zegarra L...:
Sí, en el libro hay un pasaje secreto, un detalle que no está expuesto de manera evidente y que el lector debe descubrir por sí mismo. Lo concebí como una especie de guiño escondido dentro de la historia, relacionado con el sentido profundo de algunos acontecimientos y con la manera en que se conectan ciertos elementos del relato.
No quisiera revelarlo, porque perdería precisamente su carácter secreto. Me interesa que cada lector pueda encontrarlo siguiendo sus propias intuiciones, atando cabos y prestando atención a aquello que quizá, en una primera lectura, parezca apenas un detalle más.
Espero que, cuando alguien lo descubra, experimente esa satisfacción especial que producen los pequeños hallazgos literarios: la sensación de haber encontrado algo que estaba allí desde el principio, esperando ser visto. Ese descubrimiento pertenece al lector; por eso prefiero guardar silencio y dejar que el libro revele el secreto a quien sepa encontrarlo.
5. Si comparas escribir con un oficio manual, ¿cuál sería?
Respuesta de J.A. Zegarra L...:
Yo compararía el proceso de escritura de este libro con la ebanistería. No porque haya construido la historia siguiendo un plano rígido desde el comienzo, sino porque trabajé con una materia que ya existía dentro de mí: personajes, paisajes, mitos y acontecimientos que fui imaginando durante muchos años.
Como un artesano que observa la madera antes de decidir qué puede hacer con ella, yo tuve que descubrir la forma que podía adquirir la historia. Fui ensamblando sus distintas piezas: la mitología andina, la antigua civilización de Caral, el origen del pueblo inca, la figura de Manco Cápac y los relatos que escucha de su abuela Umi. Cada elemento debía encontrar su lugar dentro de una estructura que resultara sólida y, al mismo tiempo, permitiera que la imaginación tuviera libertad.Al final, escribir El príncipe de la profecía: Los hijos del sol fue como convertir una materia bruta —una historia que durante años existió en mi imaginación— en un objeto narrativo que pudiera ser compartido con los lectores.
Gracias J.A. por confiar en Librerasan.
Te dejo enlace de reseña del libro
YA PRONTO - 2DO LIBRO DEL AUTOR
El autor nos adelantó que su segundo libro ya está terminado:
Este segundo libro ya está terminado y se titula No me digas que fue solo un desliz. Es una novela sobre las decisiones que tomamos en el amor y las consecuencias que dejan. A través de Mateo y Carolina, explora la infidelidad, la confianza, la dependencia y las dificultades de reconstruirse después de una relación que hace daño. Está inspirada en historias y experiencias reales, aunque sus personajes y situaciones reúnen distintas voces y no retratan exactamente a una sola persona.
Sin revelar demasiado, puedo adelantar que la historia comienza con una ruptura y reconstruye, desde dos perspectivas, el camino que llevó a los protagonistas hasta ese momento. Es una novela intensa, con personajes imperfectos y conflictos que invita a preguntarse qué significa amar, perdonar y, sobre todo, aprender a quererse un poco más
— J.A. Zegarra L...
Librerasan | Detrás de la Tinta
Entrevista #2 - Miércoles cada 15 días
Entrevista anterior: Sandra Yllyan - Cartas Infectadas

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