Afuera, el día se abriga en tonos grises.
El frío de este miércoles llega sin avisar, invitando a encender una luz cálida, a envolverse en un saquito y a buscar el refugio silencioso de las páginas leídas. Es de esos días en los que la atmósfera parece pedirnos quietud, una pausa obligada en la velocidad habitual.
Pero a miles de kilómetros, la tierra ha temblado con fuerza. Un movimiento sordo, imprevisto, sacudió la rutina de cientos de personas en Colombia, recordándonos en un segundo cuán frágiles son los escenarios que damos por sentados.
Pensaba en eso mientras miraba la taza humeante sobre la mesa. En cómo la vida tiene esa forma abrupta de sacudir el tablero.
De un momento a otro, las circunstancias te corren del lugar seguro y te colocan en un sitio inesperado: frente al miedo, frente a la urgencia, o simplemente frente a la certeza de que no controlamos casi nada.
Y sin embargo, en medio del temblor o del frío gris de la tarde, siempre queda el refugio de lo pequeño. Leer un párrafo que nos rescata, mirar por la ventana, abrigar las manos con una bebida caliente o agradecer el simple hecho de estar acá, respirando.
Quizás de eso se trate transitar los días: de aceptar que no manejamos el clima ni los sismos, pero sí elegimos cómo habitamos el recodo del camino donde la vida decide dejarnos.
¿Cómo te encuentra este miércoles a vos? ¿De qué refugio te estás sosteniendo hoy?
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